5000 años de historia de los bordados de Ayacucho

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Perú es uno de los países con mayor diversidad de artesanías del mundo y en especial Ayacucho. Ciudad denominada como la capital de las artesanías peruanas, esta ciudad se caracterizada por mantener viva la tradición del bordado ancestral. Los artesanos pertenecen a la cultura Wari, son tejedores y bordadores con habilidades heredadas.

Para los ayacuchanos, los bordados y los tejidos son un elemento que define la cultura que se ha mantenido desde hace mucho tiempo atrás; existen hallazgos en sitios arqueológicos como el Huaca Prieta que tiene una antigüedad aproximada de 5.000 años; otro descubrimiento importante en los andes es el Unku Wari (data del 700 al 1000 d.C).

Los textiles antiguos de Perú se han encontrado especialmente en las sepulturas, en este se solían poner los muertos en cuclillas mientras eran envueltos en mantas finamente tejidas con lana y algodón, enmarcadas con símbolos geométricos bordados, que identificaban la belleza natural; el ritual funerario implicó que una gran cantidad de tejedoras se dedicaran exclusivamente a los esplendidos trajes usados en los fardos con que cubrían los cadáveres.

Cuando los españoles llegaron a Latinoamérica, vieron que la actividad del bordado era una potencia económica e implementaron el pedal como un mecanismo de mejora, que permitía producir telas por metros para diseñar la confección.

La mujer fue la primera en poner en práctica el nuevo saber del bordado, tiempo después fue adoptado por los hombres en la época del virreinato; durante esta misma era, el tejido ayacuchano empezó a aplicar figuras curvas y el estilo elegante europeo, las prendas se dividieron jerárquicamente: para los del pueblo y otros para la clase alta y la iglesia.

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Ayacucho, era una ciudad próspera por las fábricas españolas encargadas de la textilería con la mano de obra de los nativos peruanos, en este lugar establecían sus obrajes con el fin de crear prendas para los obreros de las minas de mercurio de Huancavelica, pero la decadencia inició a finales del siglo diecisiete y comienzos del diecinueve, cuando el telar extranjero najó sus cosos.

En el año 1950 quedaban pocos talleres familiares y se había perdido un gran porcentaje del saber ancestral, pero todo tuvo un giro favorable cuando en el año de 1960 se implementó el teñido del algodón y la lana, esto hizo que los tejidos cobraran vida y atraparán la atención de los turistas, entre estos los estadounidenses que empezaron a exportar los productos e hicieron que los ayacuchanos retomaran su actividad económica.

Este instante fue icónico para los peruanos y dio paso para fundar la clase obrera textil en Perú, la fuente económica de la ciudad y el bordado como uno de los nuevos procesos del tejido.

Bordados de Ayacucho en la modernidad

Actualmente el bordado elaborado por las manos artesanas peruanas, se ha extendido y reconocido por diferentes lugares del mundo, creando emprendimientos que favorecen al saber ancestral, la expansión y la perduración de la tradición textil, por otro lado, las nuevas generaciones del legado de Ayacucho han sido productores tecnológicos, lo que ha contribuido con su expansión cultural mediante plataformas virtuales como lo es Esariri, que se ha convertido en herramientas para su visibilidad étnica y como el instrumento de ventas.

A pesar de su avance tecnológico, los ayacuchanos han mantenido la producción del tejido, de la misma forma que lo fabricaban desde sus inicios, excepto la tintura de la alpaca y el algodón, estos se han modificando con tintes artificiales para contrastar nuevos colores que no se encuentran dentro en su paleta de colores con ingredientes naturales.

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Fuentes: Mincetur, Unnoba

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